martes, 4 de octubre de 2011

Etarra, escritor y premiado.

    El Premio Literario Euskadi 2011 ha recaído en un preso de ETA, Joseba Sarrionaindia, huido de la cárcel en 1985. Sin embargo, por la irregularidad de su situación, los 18.000 euros del premio serán retendios por el Gobierno Vasco. La polémica ya la han abierto oportunistas como Rosa Díez, exigiendo al lehendakari que revoque el premio y pida perdón a las víctimas de la asociación terrorista.
    Oportunismo es hacer guerra donde no la hay. Un concurso literario premia la literatura de los que a él concurren. No se premian ideas, no se castigan errores personales y mucho menos se juzga otra cosa que no sea el escrito que cada concursante haya presentado. Y si partimos de la base que la mayoría de las veces se conoce primero la obra ganadora y una vez ésta, el autor, más a mi favor.
    El estado de derecho garantiza la amplia mayoría de libertales individuales y no debemos usar nuestra constitución al antojo. Las víctimas de ETA tienen todo el derecho del mundo a protestar, patalear y por supuesto a sentir una repulsa absoluta hacia los asesinos de sus familiares; pero la insensatez del herido hace que se les olvide los derechos, también pertenecientes al  resto. Si aplicamos la teoría global al caso particular; a un concurso literario puede concurrir cualquier relato escrito en la temática y la morfología que el concurso establezca. Una vez así, el relato puede llegar mediante correo tradicional, electrónico o haciendo la entrega otra persona en un un sobre cerrado. Importa el relato, como digo. Si el jurado, imagino que literario o entendido, ha considerado que es la mejor obra, creo que no compete a Rosa Díez, ni mucho menos a los familiares de nadie, pedir la revocación del premio.
    Éstas premisas consideraba hasta ahora como claves en el programa de un partido llamado Unión, Progreso y Democracia; liderado por una mujer progresista, según ella libre de yagas grandepartidistas y también según ella, ajena a toda presión de cualquier línea de opinión impuesta. Se ha vendido como una Juana de Arco de la debilitada política española, pero ha terminado siendo presa de su hipocresía y de su absoluta ambición por llegar al poder. Guiñando a las víctimas y lanzando flechas contra la justicia, no haces más que caer en tu propia cárcel de prejuicios y convencionalismos.
    Aún así, no dejo de decir que el tema es espinoso, pero ¿hay que valorar la calidad artística de un trabajo por la mayor o menor criminalidad de quién lo crea?. En la historia hay miles de ejemplos de pintores perturbados, escritores asesinos o actores psicópatas. El arte, basado en la libertad cómo única forma de relización, puede ser juzgado, valorado, premiado, e incluso criticado. Pero es la obra quién concursa, no el canalla que la escribe ni el loco que la pinta.

Una vez más, el arte incomoda, y hace bastantes años hubiera sido castrado. Hoy día, señora Díez, somos mayoría los que no queremos ni ser, ni ver a los demás censurados.

Mi profundo rechazo hacia cualquier acto de terrorismo // Mi profundo respeto hacia cualquier expresión digna de ser llamada artística.


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