jueves, 26 de abril de 2012

Ni Barça Ni Madrid, la droga de Carmina.

    Anoche mi madré me preguntó si iba a ver el fútbol, todo el mundo en el trabajo hablaba del partido. Hoy siguen. Decepcionados la mayoría y otros contentos. Por fin me he enterado que ese gran partido era la semifinal de la Champions y que media España fantaseaba con una final entre Madrid - Barça pero que ambos han sido eliminados. No es que sea analfabeto en cuestiones futbolísiticas, es que siempre me parecen lo mismo. Me he criado en una casa en la que la mayor futbolera y madridista es Mamá, y en la que me tenía que tragar cualquier partido de fútbol hasta que llegara la segunda tele. Y puedo asegurar que es siempre igual. Da igual quién juegue, que el trasfondo siempre es el eterno enfrentamiento que traspasa partidos, que enfrenta a las dos grandes ciudades, incluso enfrenta ideologías.

    Patrióticos contra independentistas. Madrileños contra catalanes. Capital contra la gran ciudad por excelencia. Siempre es ese el telón de fondo, y a mí, me aburre. Ni Madrid ni Barcelona, a mí me van las drogas. Las que se metía Carmina. ¡Qué coño!. La gran Carmina. 

    Probablemente la única televisión que anoche sintonizó T5 era la de mi amigo Rafa que me mantuvo pegado a las andaduras de la Divina. La calidad de la serie, otra más de las tantas que T5 se empeña en biografiar. La calidad interpretativa de Patricia Vico, de premio. Y la calidad moral de un hijo que acude a un plató a mentir y a venderse en un show en el que de antemano ya se sabe cuales son los temas a tratar, NINGUNA.

    No sé si el señor Julián Contreras Jr, porque es un señor por muy pocos años que tenga, se pensaba que en una serie sobre su madre se iría a tratar una carrera profesional inexistente o unos logros personales más allá de tres matrimonios fracasados. Detesto, y ya lo he dicho muchas veces, que los familiares de personajes tan 'universales' intenten a toda costa limpiar una imagen que todos conocemos por boca del propio personaje. Carmina fue grande sin ser nada. De Carmina gustaba su filosofía, su 'yo a mi plín, soy OrdóñezDominguín', su 'nadismo', sus fiestas, su carácter vividor y sus fantasías de divina. A Carmina se le perdonó todo (detesto éste perdón que ejercen los juecesperiodistas) y tras su muerte fue elevada a mitificantes altares como Reina de todo. Pero es que además, nunca ha habido mejor cronista de su vida que ella misma como para que ahora venga un niñato de veintepocos con aires de historiador serio a intentar decirnos que todo es mentira.

    Puedo entender el dolor de un hijo al oír hablar sobre su madre, pero no que se preste a un circo dónde el mayor elefante será ella; así como tampoco entenderé que no asuma su papel de hijo de. De mi madre no se habla puedo decirlo yo porque mi madre está en su casa, pero no un hijo de Carmina Ordóñez. Y voy más allá, me podruce casi asco que pretenda acaparar, manipular y tergiversar la imagen pública de un ídolo, quizás errático, pero un ídolo de más de una generación que ha vivido sus fiestas, sus amistades, sus amores, sus palizas y que vió como la hija de un torero elevó a categoría de 'profesión' el vivir de las revistas.

    Carmina la Divina, la incontrolable, la que prácticamente hizo de su vida un reality, no se merece ahora que un hijo intente a toda costa borrar todo aquello que la hizo tan adictiva.



    Jesús Galeote.

No hay comentarios:

Publicar un comentario